domingo, 15 de diciembre de 2013

LA CALLE PARA QUIEN LA JUEGA

Pijp es un barrio de Amsterdam que se construyó con apuro para dar alojamiento a los miles de extranjeros que llegaban a la ciudad. Eran los años 60. Los emigrantes españoles que se empleaban en la cervecería Heineken eran los principales vecinos. 

Como tantos barrios obreros de las ciudades europeas de los 60 y 70, Pijp era un lugar hostil para los niños. Imposible jugar en sus calles estrechas y atestadas de coches. Apenas había espacios verdes. La vida era gris y pesada.

Pero un día, en el paisaje nublado del barrio sucedió algo inesperado.  Cansados de los coches, cansados de calles que no se pueden transitar, cansados de ver sus casas feas y tristes, los niños toman el liderazgo de la pelea. Empezaron a decir "queremos otra calle, una calle que podamos habitar". ¿Por qué no podían ellos jugar?, ¿por qué no era posible tener calles para pasear, para charlar, para tomar un helado sentados en las veredas?

Era una lucha desigual, es cierto: Los Hombres y sus máquinas contra los Niños y sus sueños. 

Pero las batallas están para pelearlas como los partidos para ser jugados.

Este documental, que podés ver en Plataforma Urbana, muestra la lucha de niños y adultos del barrio de Pijp para sacar los coches de las calles y convertir un área de casi 100 hectáreas en un circuito de bicicletas, piernas y pelotas.

Fue una experiencia única.Y un ejemplo sobre la virtud que se esconde en los defectos. 

Un barrio obrero, bloques invivibles, departamentos diminutos, espacios de incomunicación, calles sin vida. En ese terreno árido, los niños empiezan a pedir la calle, a ocuparla. "La calles es para quien la juega", hubiera sido una consigna de su campaña.
Pero no les hicieron falta demasiadas consignas: su demanda era contundente. Niños en las calles, niños pidiendo firmas, niños reuniéndose con políticos y urbanistas se movilizaron con un sólo objetivo: sacar los coches del Pijp. Y lo lograron.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario