lunes, 27 de mayo de 2013

EUROPA SIN VÍNCULOS: los disturbios en Suecia tienen más que ver con el aislamiento social que con la inmigración


Los protagonistas de las revueltas en el barrio sueco de Husby no tienen más de 18 años. Husby es el típico decorado suburbial de cualquier gran capital europea. Puede que los edificios o los arquitectos no tengan culpa alguna de la miseria que se respira en esos barrios pero sin duda son excelentes ambientaciones para la desesperación. 
Es una barriada triste de Estocolmo en la que un 82% de sus habitantes es extranjero o tiene un pariente cercano de origen inmigrante. Hay tres veces más desempleos en Husby que unos 15 minutos más al sur, en pleno centro de Estocolmo. Casi todos esos chicos ya no están en la escuela o por lo menos perdieron la confianza en la escuela a la que van. Tampoco trabajan los que tienen edad. Son habitantes de un limbo en el que suelen ahogarse de aburrimiento: “Aquí todos los días son iguales” repite como un mantra uno de estos hijos de la desesperación.
Típicos edificios en Husby, Estocolmo
De nuevo, como sucedió en el Reino Unido en 2001 cuando 500 paquistaníes y policías británicos se enfrentaron en Bradford, o en 2005 en un París con 10.000 hogueras en los suburbios, o en Londres, en Milán, en Bagnolet, en Elche, en Malmö, buscamos explicaciones, entender lo que sucede.
Y entonces aparece la inmigración, que parece explicar casi todo, sobre todo si es malo. 
Toma cualquier caso. El esquema se repite. Un extranjero muere. Casi siempre joven. La mayor parte de las veces en una persecución policial. El rumor se extiende por el barrio. La rabia de todos los días porque no hay trabajo, porque no llega nunca la buena noticia, porque pasa de todo pero nunca pasa nada cristaliza en un solo mensaje: ojo por ojo. Se difunden las consignas más rápido que el fuego y entonces estalla todo por los aires. Tras cuatro o cinco días, las cosas vuelven al mismo lugar de siempre.
Pero encontrar en la inmigración explicación para lo que sucede es una conclusión errada. Recuerda un chiste que tras recordar que el whisky con hielo es malo para el corazón, el vodka con hielo malo para los riñones y el brandy malo para el higado afirma que el elemento nocivo es indudablemente el hielo.
No nos engañemos más: no se trata en realidad de inmigración o de extranjeros y tampoco se trata de desempleo o fracaso escolar. En realidad se trata de los vínculos en la comunidad y de cómo se han roto.
Policía en Husby, Estocolmo
Casi nadie ayuda a nadie. Casi nadie importa a nadie. Las relaciones están en el trabajo y apenas en el barrio. La familia cada vez está menos presente. 
Lo que define permanentemente nuestra trayectoria es la relación con el mundo que nos rodea. Y el mundo, en los barrios como Husby, es un lugar muy triste. 
Para chicos de 13 y 14 años no existe la relación laboral y tampoco la escuela forma parte de su círculo. Su identidad sólo es ser un chico de un barrio difícil. No se trata (no solamente, al menos) de ser inmigrante. Se trata de que en esos barrios, que son los escenarios donde se materializa el aislamiento, "da la casualidad" que viven inmigrantes.
La crisis, como todas las crisis, sólo ayuda a ver la infección o detectarla, pero no es la causa. El vínculo roto en las ciudades europeas con centros bellísimos embalsamados y convertidos en momias de exposición,  con suburbios residenciales – ricos o pobres -  aislados, sin arraigo ni relaciones ni conversaciones, viene desde hace mucho tiempo. Pero los políticos no están hablando de eso. El debate político de la crisis gira sobre temas como el déficit, la austeridad, la privatización,  quién debe pagar más impuestos y cuáles son las prioridades.
Pero en las barriadas como Husby en Estocolmo o Bagnolet en París suceden otras cosas, más profundas y desde hace mucho más tiempo. En esas barriadas, por ejemplo, se percibe el fracaso del sistema educativo, la incapacidad para dialogar las diferencias en sociedades cada vez más heterogéneas, la falta de vínculos que nos convoquen a estar juntos y conocernos, el vacío de las plazas y las calles como lugares para debatir y discutir asuntos.La ausencia de presentaciones mutuas. Entre todos, logramos quebrar mínimas normas de urbanidad que sirven para sobrevivir: presentarse, arreglar las cosas hablando, confianza en el vecino, ayuda con empatía al que lo necesita (y no sistemas de ayuda social que convierten en cosa lo que antes fue un ser humano).
De tal forma que, si por un solo minuto, prescindimos de la inmigración como explicación plausible para toda revuelta que se desata en las calles de Europa, podríamos encontrar palabras que en nada recuerdan a "musulmán", "negro", "chino" o "latino".

Degradación en los edificios
Los barrios donde estalla la violencia son grandes conjuntos de pisos en inmuebles de alquiler barato. La arquitectura de edificios en altura y alineados surge en la periferia de las ciudades para dar vivienda rápida a los inmigrantes que llegaban en los años 1950 y 1960. Eran edificios express: se degradaron con rapidez debido a materiales de calidad mediocre, mal terminados por la urgencia en la construcción, falta de mantenimiento, comportamientos asociales de algunos habitantes, mala insonorización, degradación de las escaleras, averías constante en los ascensores cuando existen, grupos de jóvenes ocupando las entradas a los edificios, abandono de los espacios verdes...

Aislamiento en el barrio
Los vecinos a los que les va mejor se van de esos barrios. Son inmigrantes o locales, pero están cansados de un barrio que deprime al más emprendedor. No hay nada épico en los códigos del barrio: hay delito, insolidaridad, impunidad e inclemencia con otros vecinos. La policía entra en ese territorio como en una zona de batalla. El estado es un señor de negro, armado hasta los dientes, al que no le vemos la cara y cuando se la vemos  nos grita: Eh tu, negro!"
Los que no tienen más remedio que vivir en esos barrios sienten cada vez con más intensidad la sensación de encierro: la claustrofobia de la periferia.

Escuelas incapaces
Los chicos dejan la escuela en estos barrios. Casi todas las revueltas tienen como protagonistas a los llamados “Ni-Ni”, jóvenes sin estudios ni trabajo. Cada sociedad crea a sus categorías de perdedores. A unos los hace buenos y destinatarios de las simpatías ("los sin techo") y a otros los hace malos y destinatarios de todos los exorcismos sociales (los jóvenes encapuchados y violentos). Lo cierto es que son muchos así que hay algo que parece no funcionar en el sistema educativo. ¿Qué se les ha enseñado?, ¿qué valores se les debían haber inculcado? Desde los 16 años, incluso antes, se ven excluídos del lugar de formación que es la escuela para encontrarse de inmediato sin perspectivas de empleo y de ingresos, sin oficio y sin orientación, en hogares llenos de angustia y enojo con padres apenas cuarentones y ya derrotados.

Estación de subte de Husby
Vínculos rotos
Lazos y estructuras sociales que cohesionaron siempre las ciudades obreras antiguas y que se volvieron a tejer y reconstituir en las nuevas barriadas surgidas entre los cincuenta y setenta están resecos. La reunificación sistemática de poblaciones que tienen en común la pobreza hizo desaparecer la mezcla de categorías socio-profesionales y los intercambios beneficiosos: el vecino sin empleo al que otro vecino encontraba trabajo en su fábrica es una imagen inexistente ya. La homogeneización de las condiciones sociales se acompaña con la concentración de familias de inmigrantes, contribuyendo a la multiplicación en ciertos barrios de comunidades religiosas  o étnicas. El repliegue sobre sí mismas y las dificultades de relación entre unas y otras contribuye al fraccionamiento social y a la emergencia de intolerancias.

Segregación como sistema
Relegados a un periferia de las ciudades con mal servicio de transporte público, enfrentados a precariedades y a una pobreza creciente, desprovistos de servicios públicos y abandonados por los médicos, las sucursales bancarias y los comercios de uso cotidiano, esos barrios son zonas de inseguridad, tierra sin ley donde las fuerzas del orden no van y donde ya no existe el monopolio del uso de la violencia por parte del Estado. Prosperan los tráficos ilegales (objetos robados, drogas, armas...) mucho más lucrativos que los empleos mediocres e insignificantes que son el destino de los adultos  más relegados. Son estrategias propias de supervivencia de la población, pero también un camino hacia el gueto y la segregación.

Más de una década en llamas
2001 Bradford, Reino Unido. 300 policías y 200 civiles heridos en violentos enfrentamientos entre la población paquistaní y la policía
2003 Elche. España. Una revuelta contra las fábricas de calzado de inmigrantes asiáticos se convierte en cacería de extranjeros
2005  Birmingham, Reino Unido. Un adolescente muere tras las violentas revueltas en protesta por la violación de una niña de raza negra, supuestamente por chicos de origen asiático.
2005 París, Francia. Más de 10,000 vehículos y edificios públicos incendiados durante los disturbios en barrios del conurbano parisino.
2007. Copenhague, Dinamarca. Detenidas 200 personas durante los enfrentamientos entre policías y jóvenes radicales en protesta por el cierre y desalojo de un centro juvenil alternativo.
2008 Malmö, Suecia. Cerca de 100 detenidos por las protestas por el cierre de una mezquita y un centro cultural islámico.
2009  Londres, Reino Unido. Una marcha antiislámica convocada en las inmediaciones de una mezquita en construcción deriva en graves disturbios.
2009 Bagnolet, Francia. Revuelta en el conurbano parisino por la muerte de un joven de origen marroquí a manos de la policía
2010 Rosarno/Milán, Italia. Ataques racistas perpetrados contra inmigrantes en Rosarno, en Calabria. En Milán muere un inmigrante egipcio a manos inmigrantes sudamericanos. Estalla una revuelta.
2011 Londres, Reino Unido.
Cuatro personas murieron y más de mil fueron detenidas en el Reino Unido por una ola de violencia callejera que comenzó en Londres.
2013, Estocolmo, Suecia
La muerte de un inmigrante por disparos de la Policía en Estocolmo da lugar a una ola de disturbios durante cuatro noches consecutivas.



1 comentario:

  1. Las revueltas de Suecia, como otras en otros países protagonizadas pro inmigrantes generalmente islámicos, tienen que ver con la fracasada y disparatada imposición oligárquica del multiculturalismo.

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