domingo, 28 de abril de 2013

ARGENTINA, EL PAÍS QUE SE OLVIDÓ DE LA INMIGRACIÓN

Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires: ahora y hace un siglo
Hace unas semanas la Organización Mundial de Migraciones publicó en Ginebra un informe en el que afirmaba que había aumentado la inmigración en Argentina. En realidad, como aclara el informe, una parte de esa "inmigración" es en realidad un mero retorno: el de los argentinos que vuelven de España o Italia con pasaportes español o italiano. 
Hoy en Argentina hay unos 2 millones de extranjeros, más o menos la misma cantidad de extranjeros que había hace exactamente 100 años, cuando en Argentina vivían unos 7 millones de seres humanos y no 40 como ahora. Su peso en la sociedad es menor en número y su voz parece inaudible. Las estadísticas oficiales suelen ser bastante pobres. Las encuestas de opinión sobre la percepción de los extranjeros, raras. Es difícil encontrar en la prensa, por ejemplo, reportajes frecuentes sobre la vida de paraguayos, peruanos o bolivianos. Los partidos políticos apenas hablan de inmigración o del voto de los extranjeros, salvo que los obligue la más rabiosa actualidad (como el proyecto del oficialismo en 2012 sobre el voto extranjero que cajoneó poco después)
A pesar de que Argentina se conformó en gran medida como una nación receptora de los hombres y mujeres de todo el mundo que buscaban una oportunidad, hoy el peso de los extranjeros es pequeño. Según las cifras que maneja la Organización Mundial de Migraciones (que son proporcionadas por el Indec) en Argentina hay un 4,5% de extranjeros. Algo menos que la proporción de extranjeros que hay en Europa (5,5% de media) y muy lejos del peso que los extranjeros tienen en Estados Unidos (12%) o Australia (22%), dos países nacidos, como Argentina, de una pulsión de viaje, esfuerzo y esperanza.
Quizás por la persistente alergia argentina a debatir cualquier cosa que lleve incorporada la palabra "futuro", y a pesar de ser uno de los territorios del mundo con más necesidad de una política de inmigración activa e inteligente, todo lo que se refiere a la inmigración no parece demasiado presente en el imaginario argentino. Y la cuestión de su participación electoral, quizás menos aún.
A pocos meses de las elecciones no se observan campañas ni voluntad informativa sobre el mecanismo para empadronarse y votar. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, con unos 350.000 extranjeros con derecho a votar, apenas un 3% está empadronado y, por tanto, tendrá derecho a  depositar una boleta en las próximas elecciones. 
A pesar de representar nacionalmente una proporción relativamente baja, dado que la inmigración viaja a las oportunidades, Buenos Aires es el receptáculo para casi un 80% de los extranjeros. Y allí la presencia extranjera es más alta. Y si colocamos una lupa sobre la ciudad, en algunos barrios, su presencia es importante. Es el caso de Villa Lugano, Flores o Balvanera.
El voto extranjero es un voto poco trabajado por la política. Y el extranjero es un elector complejo. Sea quien sea que logre conquistar su corazón, los partidos harían un gran trabajo incorporando a su agenda un discurso compartido sobre la necesidad de la inmigración, de una inmigración integrada social y políticamente. Sujeto de derechos y no sólo objeto de debates.

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