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ES LA CULTURA, ESTÚPIDO

La inmigración siempre ha sido un asunto molesto para la izquierda europea.  En realidad es un asunto molesto para muchos europeos, a secas. Pero los partidos  progresistas de España, Francia o Reino Unido se revuelven en su silla cada vez que toca hablar del extranjero. 
Cualquier político de la izquierda, cuando se sincera, confiesa sus miedos. Teme que al hablar de la inmigración como un aporte enriquecedor o como un proceso inevitable, su electorado lo castigue. Parten de un dato real: una corriente social cada vez más potente y numerosa no quiere convivir con la inmigración, no quiere que cambie su barrio, su distrito, su ciudad o su país.  Lo quiere tal como está. Seguramente a todo eso no es ajeno el hecho de que gran parte de la población europea sea mayor, vitalmente precavida ante los cambios.
La presencia del extranjero activa ansiedades de muy diverso tipo. La subida electoral de los grupos de extrema derecha aprovecha este estado. La sensación de que el Gobierno gestiona "mal o muy mal la inmigración" la comparte el 74% de los británicos. Y datos similares encontrarías en cualquier otro país europeo que recibe inmigrantes. 

Sábado de compras en el este de Londres. Un diálogo permanente. Foto de Andrew Testa

En general, la estrategia para combatir ese rechazo ha sido volcarse en argumentar los beneficios económicos del inmigrante. Según esa visión de las cosas, es el malestar económico y la lucha entre "pobres" la que alimenta en buena medida los sentimientos de xenofobia en Europa. Para la izquierda ese es un argumento querido y mimado: la lucha de clases forma parte de su genética con más claridad que el conflicto entre las identidades individuales o religiosas.
Mathew Goodwin, de la Universidad de Nottingham publica en Policy Network una sugerente Carta Abierta a los Laboristas en el que les pide que modifiquen su forma de ver el problema. 
Según él, el objetivo electoral y estratégico de los laboristas para rehacer su discurso ante la inmigración es el de la gente que se siente "culturalmente amenazada". Según Goodwin, después de décadas de investigación, la conclusión tiende siempre al mismo lugar: es la percepción de amenaza sobre la armonía de tu mundo [de la nación dice el autor ] lo que genera ansiedad, de fácil combustión para el discurso incendiario de la extrema derecha.
Las quejas por los servicios públicos usados por los inmigrantes, las leyendas sobre su propensión al delito, la acusación de que son ellos quienes bajan el valor de salarios o las casas y hasta la idea de que los inmigrantes roban nuestras mujeres son síntomas de una ansiedad más difusa: el temor a que el mundo conocido se desmorone, a que la plaza sea ocupada por otra gente, a que el modo de vivir, de cocinar, de divertirse se vea alterado por el extraño. A que se altere un orden que es lo único que permice certidumbres en un momento de vertiginoso cambio.
"Es la cultura, estúpido" (parafraseando el conocido "es la economía, estúpido" de Clinton contra Bush padre en los noventa) sería la clave para enfocar de otra manera las dificultades de convivencia entre extranjero y local. Y la manera de prevenir la pólvora racista. 
Entablar un diálogo con los que se sienten "amenazados", endender su miedo al creerse invadidos, saber entrelazar personas no sólo comunidades, lograr que la habilidad de comunicarse prospere son políticas mucho más eficaces que los largos argumentos racionales que no logran penetrar en el  "corazón atemorizado del hombre blanco" como lo diría Myrdal.


Comentarios

  1. Una de las claves más importantes para lograr la visa americana se basa en conocer que pide el cónsul de ti y como dárselo. Más información aquí http://bit.ly/12C956s

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