sábado, 14 de julio de 2012

INMIGRANTES EN LA CIUDAD DE SIEMPRE

La inmigración nutre buena parte de los barrios informales que se forman en los alrededores de las ciudades. Igual que hace 600 años. 
En Buenos Aires, unos dos millones de personas habitan en 864 villas y asentamientos que circunvalan la metrópoli como una corona de vergüenza incrustada en el territorio desde hace 70 años. 
El informe se presentó en la apertura del ciclo #50 M Pensar y actuar para la Argentina de 50 Millones de habitantes, convocado por IADEPP y TECHO. Mostró que una gran parte de esos habitantes son migrantes, proceden de otras provincias del país o de países limítrofes como Paraguay o Bolivia. 
Hace 100 años, el Hotel de Inmigrantes esperaba a los viajeros procedentes de Europa. Los ponía en cuarentena. Les brindaba información y los ayudaba a instalarse. No era ninguna panacea. Pero era una respuesta. Para los migrantes que llegan a las ciudades, la villa es la única respuesta cuando el Estado no brinda ninguna.  
Barrio de Chabolas en la España de los 70
Hasta mediados de los años 80, Madrid y Barcelona acumularon por unos 30 años casi un millón de personas viviendo en las "chabolas", el equivalente a la villa. 
Venían de provincias del sur, procedentes de un campo atrasado y entraban en la gran ciudad y sus lujos por la ventana más chica.
Aquellos barrios fueron desapareciendo en sucesivos planes de realojamiento que nunca fueron pacíficos: cada edificio nuevo para realojar a "chabolistas" era recibido con manifestaciones de los vecinos establecidos, temerosos de ese otro que venía a incrustarse en el barrio. 
Demolición de chabolas en los 80, en España
Así nacieron lugares emblemáticos como el "ruedo", un edificio semicircular, de ladrillo, con aspecto de carcel por fuera y de conventillo por dentro. O barrios como San Cristóbal, el último barrio de Madrid, cuando la ciudad se deshace entre fábricas desperdigadas y campos de trigo.

Edificio El Ruedo, en Madrid
Años después, la llegada de casi 5 millones de extraneros durante los últimos 20 años, no recibió tampoco una respuesta adecuada al problema del habitat que se planteaba. Los viejos departamentos de 40 metros cuadrados, agrietados y endebles, feos y fríos, creados para los migrantes internos fueron revendidos a ecuatorianos y peruanos pujantes que aspiraban a una propiedad. La inadecuada recepción del inmigrante es una constante en numerosas fronteras. Es una marca para el que llega, que lo obliga a transitar oscuros caminos que durante años le impiden sacar lo mejor de sí mismo. 
San Cristóbal de los Ángeles, último barrio al sur en Madrid
En esos barrios se acumulan decepciones y fracasos por toneladas y suelen convertirse casi sin excepción en las ollas donde hierve el desprecio. Son años perdidos porque siempre se intenta recuperar esos lugares, previa degradación de un par de generaciones.

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