viernes, 27 de julio de 2012

¿CON INMIGRANTES EN EL VECINDARIO SE VOTA MÁS A LA EXTREMA DERECHA?

La cercanía con los inmigrante, ¿aumenta el voto a la extrema derecha? Esta es una pregunta que cruza las aulas de universidad, las redacciones de los diarios y los despachos de los políticos en Europa. Una investigación de la Universidad de Zürich (Does immigration into their  neighborhoods incline voters toward the extreme right? The case of Freedom Party of Austria, de Martin Halla, Alexander F. Wagner y Josef Zweimüller) hecha pública este mismo mes pretende demostrar con datos la siguiente afirmación: la cercanía de los inmigrantes en los distritos, y su cantidad en proporción a la población local, influye en los votantes de extrema derecha. Más concreto: el nivel de formación y cualificación de los inmigrantes influye más aún en una parte importante (por lo menos un 25%) del electorado de extrema derecha
Según la investigación, el aumento de inmigrantes en un distrito tiene un efecto favorable en el aumento del voto a la extrema derecha. Y la cualificación baja o media de los inmigrantes, favorece aún más la decisión de los votantes por inclinarse hacia la extrema derecha, hacia el Partido de la Libertad (FPÖ) Textualmente, el documento de la Universidad de Zurich afirma: "es la proximidad con inmigrantes de baja y media cualificación lo que causa que los votantes se inclinen a la extrema derecha".
El estudio se basa en series históricas de asentamientos de población extranjera en Austria y correlaciones con votos al FPÖ, desde un magro 5% en los años 80 hasta llegar a un 27% en 1999.
La afirmación puede ser cierta pero parece incompleta. Varios estudios muestran que la cercanía de inmigrantes y locales en determinados distritos y en determinados segmentos sociales genera escenarios de conflictividad y competencia por recursos (los servicios sociales como una sala médica o la becas para comedores serían ejemplos clásicos en Europa y en Estados Unidos). Si eso se desarrolla en un contexto de crisis económica la competencia por esos recursos es más enconada. En ese proceso, es posible que el voto se polarice hacia cualquier opción que hable de "proteger al local" o "poner en su sitio al extranjero". Entonces aparece gente como Jaider (el fallecido líder del FPÖ) o Le Pen y capitaliza el ambiente.
Sin embargo, en el mismo escenario podemos encontrarnos actuaciones distintas. En ciudades catalanas medias con proporciones que van desde el 15 al 20% de inmigrantes son escenarios de conflictos constantes en los que la extrema derecha no logra hacer pie. Ahí están casos como los de Lérida, varios distritos de Barcelona, los barrios del sur de Madrid en la frontera con el campo... A pesar de la actividad y las propuestas de extrema derecha, que las hay, el electorado más proclive a votarla no termina de convertir su enojo en un voto al discurso racial y racista. Pero, ¿por qué?
Puede haber distintas razones. A veces tiene que ver con las cualificaciones, tal como apunta el estudio...pero no sólo de los inmigrantes! Se han dado varios escenarios de conflicto entre comunidades marroquíes o dominicanas con españoles y predominan los casos donde el retrato robot del español era: blanco, mayor de 60 y con estudios primarios. En la historia oficial del primer asesinato racista que hubo en España en 1992, en el distrito residencial de Aravaca, se hizo hincapié en que era un barrio acomodado. Sin embargo, los habitantes con mejor renta solían tener caserones que los alejaba de socializar con el barrio. Estaban ausentes la mayor parte de la jornada de un barrio separado de Madrid por unos 15 kilómetros. Quienes sí compartían espacio con los inmigrantes eran los lugareños más humildes, los parroquianos de toda la vida. Baja renta, pocos estudios, avanzada edad. En Premia de Mar, en el años 2001, un largo conflicto vecinal paralizó la construcción de la Mezquita. Hubo un documental que hizo crónica de aquellos días. Los vecinos se oponían a ver rezar a los musulmanes en sus calles. Otra vez nos encontramos con españoles entrados en años, muchas veces en paro y con escasa cualificación.
A veces tiene que ver con la misma oferta política de la extrema derecha: avanza cuando encuentra el camino vacío. Eso sucedió en algunos puntos del norte de Catalunya, donde el malestar social fue capitalizado por Plataforma x Catalunya, un grupo extremista y anti inmigrante. Pero lo más frecuente, en el caso de España al menos, es que las opciones políticas convencionales (el PP o el PSOE) asuman de una u otra manera, pasiva o activamente, propuestas de la extrema derecha neutralizando su margen electoral. El PP ha hecho eso con éxito en Badalona. Lo intenta ahora en Euskadi. Le da resultados hace años en parte del corredor del Henares en Madrid. El PSOE optó por hacer un discurso hacia la inmigración con la boca muy pequeña cuando se trataba de integración y muy grande cuando se trataba de dureza. Sobre todo desde la regularización de Zapatero. De hecho son innumerables los municipios en los que las políticas de integración del PSOE se mantenían deliberadamente "minimizadas" por el partido para no enojar a los locales.
A veces la misma diversidad del distrito con una altísima proporción de extranjeros se convierte en un antídoto contra el relato del desprecio que propugna la extrema derecha. El Raval, en Barcelona o La Latina en Madrid son distritos en los que a pesar de un aumento del voto conservador se mantienen con fuerza opciones políticas asociadas a la izquierda. Incluso se puede decir que hay mucho menos conflicto latente que en otros distritos de España.
Así que a pesar de estar fundamentada, es probable que la hipótesis de la investigación suiza que coloca sobre la "calidad" del inmigrante el peso de la inclinación a la extrema derecha de los locales se quede corta en su alcance. Parece ignorar la "calidad" la calidad del local, que le impide sacar mejores conclusiones de su vida en la frontera. Y parece ignorar el vacío de discurso, que es lo que favorece que se expanda el discurso del miedo.

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