sábado, 30 de junio de 2012

Patada a los "infiltrados"

Hoy en El Periódico se puede leer este reportaje. Lo replico por su interés: el discurso sobre el extranjero y el manejo de las sensaciones...

Patada a los "infiltrados"

Israel deporta a africanos sin papales para combatir la sensación vecinal de inseguridad

 
ANA ALBA / Jerusalén La entrada a la casa de Adem, en el barrio de Hatikva, en el sur de Tel-Aviv, es oscura y húmeda. Es de Darfur (Sudán), tiene 28 años y llegó a Israel hace mes y medio. Las tres primeras semanas durmió en el parque Levinsky, hogar de los africanos que llegan con lo puesto. La mayoría vienen de Sudán y Eritrea y han hecho un largo viaje que les ha costado entre 500 y 2.000 euros, contrabandista incluido. Algunos se quedaron en el camino: cayeron en manos de traficantes en el desierto del Sinaí (Egipto) que los torturaron y asesinaron.

Adem comparte unos metros cuadrados, una pequeña cocina y un baño minúsculo con 200 africanos más. El alquiler les cuesta 4.000 dólares. Duermen en colchones esparcidos por el suelo, casi unos encima de otros. «Vine de Darfur porque allí todavía matan a la gente, aunque ya no salga en las noticias», explica en un inglés perfecto Adem, que estudió Administración.
Los vecinos de Hatikva aseguran que con la llegada de extranjeros ha aumentado la inseguridad y en mayo salieron a protestar. La manifestación acabó con agresiones a inmigrantes. «Tenemos miedo de salir por la noche. Los sudaneses merodean por aquí, a una vecina le rompieron el dedo para robarle el anillo», asegura Dina Emunah. Pero Sigal Rosen, del grupo Hotline for Migrant Workers, que apoya a los inmigrantes, subraya que solo el 2,5% de los delitos los cometen extranjeros.
La mayoría de africanos se concentran en el sur de Tel-Aviv, más humilde que el norte. Su presencia en la calle ha provocado «la sensación de que hemos perdido el control», reconoce Assaf Zamir, teniente de alcalde de la ciudad. «Todo recae en las espaldas municipales, el Estado no ayuda», dice Zamir. «Hemos abierto escuelas para niños inmigrantes, tenemos puntos de distribución de alimentos para los recién llegados y financiamos a oenegés que los atienden», añade.
Desde el 2007, miles de africanos han llegado a Israel cruzando la frontera con Egipto. Muchos solicitaron asilo político alegando que en su país sus vidas corrían peligro, pero la mayoría de sus peticiones fueron rechazadas, muchas por no haber sido bien revisadas, según la oenegé Physicians for Human Rights. «Cada año llegan a Israel 70.000 trabajadores de Filipinas, China y otros países a los que el Gobierno concede permiso de trabajo, ¿por qué no se lo dan a los africanos?», se pregunta Rose. Marc, de Eritrea, se queja de que a los etíopes los reciben con los brazos abiertos. «También buscan una vida mejor, pero como los que vienen son judíos, los aceptan».
Expulsiones «dignas»
El Ejecutivo de Binyiamin Netan-yahu, con el ministro del Interior, Eli Yishai, a la cabeza, decidió expulsar a los inmigrantes «infiltrados» en Israel, unos 60.000 en cinco años. Los deseos de Yishai empezaron a cumplirse antes de ayer con la deportación de 120 sudaneses que abandonaron Israel en un avión comercial. Netanyahu, que prometió unas expulsiones «con dignidad», está convencido de que con la valla metálica que construye a lo largo de la frontera con Egipto y la nueva prisión para «infiltrados» con capacidad para 10.000 personas, el problema de la «inmigración ilegal» se acabará.

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