viernes, 8 de junio de 2012

EUROPA CIERRA UN POCO MÁS SU FRONTERA

El Tratado de Schengen, a pesar de su nombre impronunciable, debía ser un espacio acogedor. Los países europeos que lo firmaron un día se comprometieron a que dentro de ese espacio, la gente circularía libremente. En su momento, fue la emoción de ver como caían las fronteras. Se abolían los controles de frontera y uno podía atravesar Portuigal, España, Francia y Alemania de un tirón, sin detener el coche, al menos por una aduana. Como tantas otras en Europa, esa ilusión se derrumba. Hoy, el Consejo de ministros de Interior de la Unión Europea ha decidido reformar unilateralmente el Tratado de Schengen para reintroducir controles fronterizos temporales en caso de que un Estado se vea desbordado e incapaz de controlar los flujos migratorios en sus puestos aduaneros. 
El argumento para esta reforma es, si cabe, más decepcionante que la reforma misma. Está originada en los éxodos  provocados por la primavera árabe en Túnez o la guerra en Libia, todos ellos escenarios de lucha por la democracia que requieren toda la apertura de Europa y no un cierre de puertas. "Los Gobiernos se han convertido en juez y parte del nuevo régimen", dice el diario EL PAÍS. El Parlamento reaccionó con furia, dice el diario, ante el cambio, que le deja como convidado de piedra. “Con esta decisión, se ha enviado una señal clara: que  los gobiernos encontrarán cualquier pretexto para cerrar las fronteras", se indignó el jefe de los liberales y ex primer ministro belga Guy Verhofstadt. La Europa de la libre circulación ha muerto.

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