viernes, 4 de mayo de 2012

¿Y SI NO SE TRATA (SOLO) DE RACISMO?

El Consejo de Europa ha encendido una luz de alarma: crece el discurso racista en el debate político y se extiende con normalidad por la sociedad. 
El Informe del Consejo de Europa, el reporte anual de 2011 que emite la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia, pide a los responsables políticos que "resistan la tentación de ceder a los prejuicios" y afirma que la crisis favorece el aumento del racismo y la xenofobia.
En 2009 los obreros británicos de la refinería de Lindsey, al norte de Inglaterra, se pusieron en huelga protestando por la contratación de obreros portugueses e italianos en el Reino Unido. La ira se coló por otras empresas, como la central eléctrica de Plymouth, al sur de Inglaterra. Todos reclamaban al líder laborista, Gordon Brown, que respetase aquel grito que sus pulmones lanzaron y hoy le atragantaban: "trabajo británico para trabajadores británicos". El sindicalista que lideraba aquellas huelgas negaba que se tratase de racismo: "esto no tiene que ver con la raza o la religión, sino con la clase".
En Alemania, el discurso más eficaz contra la inmigración no sale de las gargantas de chicos rubios y exaltados vestidos con camisas pardas. Viene de un hombre aparentemente tranquilo, Thilo Sarrazin, que ha vendido más de 1,2 millones de ejemplares de su libro "Alemania se destruye" donde sostiene que el país va camino de una bajada general de la inteligencia por la presencia de turcos y árabes. Sarrazin no es líder de la extrema derecha ni un columnista zafio como los que abundan en varios medios. Es un ex directivo del Bundesbank y miembro de Partido Socialista Alemán
En Francia, mientras en el último debate de televisión Nicolás Sarkozy trata de sumar el voto de la extrema derecha endureciendo el discurso sobre la inmigración, ya de por sí en límites inaceptables, el candidato socialista Hollande se esfuerza por demostrar que él no ha pedido nunca el cierre de los centros de internamientos para extranjeros, tal como afirma Sarkozy y lo que le arañaría unos cuantos votos a Hollande. 
Un grito cada vez más popular en Europa

En España, en un frenesí de austeridad que recuerda a la exaltación religiosa de la Inquisición, cruel para sus víctimas y destinada a demostrar autenticidad a Europa, avivar el debate sobre la inmigración es y sigue siendo una gimnasia que practica el Partido Popular. Si reforma la sanidad para ahorrar 7 mil millones de euros, su nota de prensa titula "Se restringirá el acceso a la sanidad para los inmigrantes irregulares". 
"Los españoles íbamos con un contrato por delante y al peor barrio"
Racismo en el discurso. Es evidente y parece indiscutible. Pero si el racismo aflora en la escasez y se esconde en la abundancia, quizás resulte más útil asimilarlo casi a un formato del enojo, una expresión de la cólera. Se trata de rabia, un sentimiento muy pautado en un país organizado, que encuentra una ruta rápida contra todo aquel que se considera fuera de la organización. Se trata de enojo cuando la protesta es contra trabajadores portugueses, contra mezquitas musulmanas, contra barriadas de negros, contra campamento de gitanos, contra españoles que vuelven a los trenes, contra dominicanos por su voz alta, contra bengalíes por su voz baja, contra marroquíes por su mirada, contra los chinos porque no miran...Se trata del estado de la molestia, de la genética del cascarrabias, del desconcierto ante el cambio o ante los problemas, de la desilusión por mañana. De tanto nombrar el enemigo lo haremos más fuerte.


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