jueves, 15 de marzo de 2012

UN FANTASMA RECORRE EUROPA: EL AISLAMIENTO

La campaña francesa ilustra muy bien el estado de ánimo de millones de europeos. Hartos de estar a expensas  de los mercados cada 12 horas, convencidos de que la globalización equivale a chinos propietarios de bazares e inmigrantes por todas partes, temerosos de que el salario de su empleo vaya a ser negociado un día en un convenio colectivo con patrones indefinidos situados en cualquier lugar del planeta, los europeos van poco a poco cayendo seducidos por el discurso que propugna la mirada adentro, la vuelta a las raíces...

Francia es, junto a Alemania, cofundadora del club europeo. Pero ahora, los tres líderes políticos que se disputan el poder en el Elíseo propugnan, cada uno a su manera, medidas que muestran desconfianza hacia Europa. A todos ellos, la inmigración como un factor externo, desestabilizante y fácilmente estigmatizable, les sirve de decorado para conquistar tanto corazón desanimado.

Con todo, no es tan fácil pegar en el saco de arena del "extranjero". Igual que los cantidatos norteamericanos, los europeos empiezan a tener que hilar fino en su discurso si no quieren que una gran parte de electorado, francesa pero musulmana o francesa pero negra, castigue a quien se pase de tono.
A 39 días de las elecciones Sarkozy ha tenido que congratularse con los 4 millones de musulmanes franceses que votan y representan un 9% del censo:

«Les he pedido a nuestros compatriotas musulmanes que no se sientan heridos en este período electoral por polémicas que no tienen razón de ser», declaró Nicolas Sarkozy tras el homenaje insistiendo en su voluntad de construir un «islam de Francia y no un islam en Francia».  

Se hacía eco de la polémica del halal. 

Marine Le Pen fue la primera en tirar hace un mes la piedra contra el rito alimentario musulmán con el pretexto de la defensa de los consumidores. 


Claude Guéant, el ministro del Interior, recogió el guante lepenista fiel a su misión de rebañar sufragios en la extrema derecha para Sarkozy. Proclamó su hostilidad a conceder el derecho de voto a los extranjeros extracomunitarios en las elecciones municipales por entender que favorecería el comunitarismo, el veto al uso mixto de las piscinas y la obligación de ofrecer carne ‘halal’ en los comedores escolares.

François Fillon, el primer ministro, echó leña al fuego de la hoguera inquisitorial al tildar el rito ‘halal’ y el ‘kosher’ judío de tradiciones ancestrales vinculadas a problemas higiénicos ya superados. 

El propio Sarkozy remató la faena cuando preconizó un etiquetaje obligatorio de la carne ‘halal’ y ‘kosher’. Acompañado de Guéant en su calidad de ministros de cultos, el presidente de la laica república inauguró a mediodía en la mezquita parisiense una estela en memoria de los soldados musulmanes caídos por Francia en la Primera Guerra Mundial.

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