viernes, 1 de abril de 2011

LOS LÍMITES DEL DEBATE SOBRE LA INMIGRACIÓN

Las leyes contra la inmigración ilegal están encendiendo el debate en Estados Unidos. Y no tardará en cruzar a esta Europa insegura e irascible con su frontera y sus extranjeros.
Una mayoría republicana en Arizona retiró las normas que endurecían hasta la vergüenza la política hacia los inmigrantes y cuyos gestos llegaron a todas partes del mundo. Cuando esas leyes se propusieron, cayeron  reservas de hoteles, restaurantes y eventos en toda Arizona. La idea de una tierra poco hospitalaria ya se había extendido con soltura. Eso alarmó a muchos empresarios turísticos. En medio de la peor crisis no permitirían a sus políticos unos arrebatos patrióticos tan caros. Un informe,  “A Rising Tide or a Shrinking Pie,” afirma que las deportaciones masivas provocarían una recesión similar a la de 2008 y 2009 . Según ese estudio, la deportación de 445.000 immigrantes irregulares de Arizona - que sería muy poco probable- provocaría una caída de la economía del estado en un 20%, una contracción en el empleo de un 17% y una bajada en los ingresos fiscales de un 10%. Más o menos, unos mil millones de dólares en las rentas del estado. Empresarios de industrias alimentarias, agrícolas, de limpieza estaban alarmados con la idea de que el 7% de la fuerza laboral del estado, los inmigrantes irregulares, fuera deportada sin miramientos.
Manifestación de inmigrantes latinos en el puente de Brooklyn, 2010 (La Jornada)

Los grupos de presión ya se mueven en algunos estados para frenar una política de inmigración tan dura que raya en lo demente. 
Varios republicanos quieren una nueva política de inmigración más acorde, dicen, "con los valores de una nación de inmigrantes". Los republicanos empiezan a sentir la presión ante su discurso sobre la inmigración. Y no se trata sólo de dinero. La potencia del voto latino es tal que los estrategas republicanos darían lo que fuera por una fórmula que les permita conformar al electorado blanco que se excita con la frase "control de frontera" al tiempo que no ahuyentan a los votantes latinos, determinantes para las elecciones de 2012. Más temprano que tarde, los partidos políticos de las principales naciones europeas tendrán que afinar más su lápiz al escribir  sus  programas de dureza con los inmigrantes si no quieren que el voto extranjero les dé la espalda. No sucederá en 2012 en España, en todo caso. Pero no tardará en suceder.

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