sábado, 19 de marzo de 2011

REDADAS CONTRA EXTRANJEROS: EL DISCURSO EFECTIVO

El Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial publicó hace unos días un informe en el que recomienda a España "tomar medidas efectivas para erradicar la práctica de controles de identificación basados en perfiles étnicos y raciales" que, "en la práctica, se pueden traducir en detenciones indiscriminadas" de extranjeros. En definitiva, que modere su entusiasmo por las redadas.
Una práctica habitual, un mensaje contundente
La recomendación se hace con informes presentados por el Gobierno, Amnistía Internacional, SOS Racismo, Secretariado Gitano y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). El documento de la ONU dice cosas ya conocidas: que la nueva Ley de Extranjería facilita las expulsiones, que los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) son cárceles encubiertas en las que durante 60 días el "internado" es tratado como un detenido por crimen y no como lo que es: un extranjero que ha entrado en el país de forma irregular.
Cáritas ha denunciado también que la Policía entra indiscriminadamente en sus centros para identificar a extranjeros, portadores de piel morena, pelo rizado o aire magrebí. Las organizaciones que defienden los derechos humanos hablan de racismo institucional. Y sin embargo, se trata de propaganda.
El extranjero estigmatizado, convertido en argumento de todos los asuntos y en explicación de todos los males (al menos de todos los males vecinales) es uno de los grandes ejes de confrontación para la política europea. 
"Europa no puede acogeros" dijo Marine Le Pen, hija del ultraderechista francés y nieta,  como otros abanderados de la xenofobia, de Hitler, Mussolini, Franco o Petain que escarbaron en los sentimientos más básicos de unos europeos exhautos y atemorizados. 
Una encuesta de Le Parisien colocó a Marine Le Pen en primer lugar en una hipotética elección presidencial. Otro sondeo de Le Point certifica su ascenso,  con un 32% en la intención de voto.

Su forma dulce de enhebrar el discurso xenófobo es la esencia misma del discurso político imperante en los partidos tradicionales, conservadores o socialdemócratas: se trata de un rechazo "friendly". "Me inspiráis compasión pero Europa no puede acogeros" dijo en Lampedusa, adonde voló cuando la crisis Libia provocó en la mente de los europeos pesadillas por supuestas invasiones de africanos. 
Las redadas forman parte de un discurso lleno de mensaje, además de una práctica no muy efectiva. Parte de la población, sobre todo la que siente temor del extranjero y descarga en él sus frustraciones, agradece que sus gobiernos "hagan algo" ante una frontera que, pese a los datos y las evidencias, se quiere seguir viendo como un supuesto coladero. Así que las  respuestas políticas al tema empiezan a dejar de basarse en razones y atienden más a emociones. Sobre todo cuando se avecina campaña electoral. Cada vez parece más claro: el extranjero es un asunto de comunicación electoral.

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