domingo, 13 de marzo de 2011

"EUROPA SE LLENARÁ DE NEGROS"

Las encrucijadas son momentos míticos imprescindibles en la estrategia de cualquier político que quiera ganar. Tan imprescindibles que si no existe, se inventa; y si existe, se exagera.  Las encrucijadas  permiten  al político plantear a los electores un mundo en blanco y negro:  conmigo la certeza; sin mí, el abismo. 
Muamar el Gadafi advirtió: "Hay millones de negros que podrían llegar al Mediterráneo y luego saltar a Francia e Italia si Libia deja de garantizar la seguridad" . Y la mera evocación de unas  playas del sur de Europa invadidas por  miles que se refugian de los enfrentamientos en Libia heló la sangre de los políticos europeos, progresivamente superados por el discurso xenófobo que avanza por el cont¡nente como un huracán.
¿Quién podría querer refugiados cuando en Francia asciende sin freno el discurso xenófobo de Marine Le Pen y el nuevo FN que se consolida como una amenaza temible en las próximas elecciones cantonales de marzo?, ¿quién quiere más inmigrantes cuando Alemania tiene que decidir durante este año, en varias elecciones en los länder, las nuevas mayorías que formarán el poder en el Parlamento?
Pues Silvio Berlusconi. Quizá sea el político europeo más entusiasta con la supuesta oleada inmigratoria procedente de Libia. Fue él quien primero la advirtió, en sospechosa coincidencia con su colega Muamar el Gadafi. "Éxodo bíblico", dijo el Primer Ministro imputado en innumerables causas. Colocando a Italia en la primera línea de un Tsunami humano que lo convierte en líder de una emergencia nacional. Nada mal. Le permite respirar, en medio de la indudable asfixia política por una vida consagrada a saltarse casi todos los artículos del código penal. 
Inagotables, inconfundibles, simbióticos. Foto de VATICALIA
Cuando el ministro italiano de Asuntos Exteriores, Franco Frattini, pidió a la Unión Europea un “plan Marshall” para socorrer a Túnez, Argelia o Egipto, y evitar así que la desesperación aumentase el flujo migratorio, Suecia, Bélgica, Alemania o Austria dijeron que los italianos exageraban un poco. "Italia desbordada ante la llegada masiva de inmigrantes", decía un titular cuando arribaron unos 5.000 tunecinos a la isla de Lampedusa. "Un éxodo de un millón de personas", llegó a decir el ministro del interior italiano y consiguió de sus colegas de España, Francia, Grecia un compromiso de solidaridad en el control y en la acogida, es decir, en el reparto de la gente.
Hasta ahora no hay éxodo bíblico y los refugiados, lejos, muy lejos de ser un millón, van a Argelia casi en el mismo número que a la islita italiana de Lampedusa. Pero Berlusconi respiró por unos días. Refugiados e inmigrantes tienen múltiples aplicaciones en el discurso político.







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