miércoles, 26 de enero de 2011

HISTORIA DE SALT

La alcaldesa de la ciudad Salt, el extrarradio industrial de Gerona, al norte de Catalunya, no debe estar muy contenta con la wikipedia. Si entras en la referencia a la ciudad que hace la "anarcopedia" descubres que en el apartado Curiosidades escribe esto: "Salt posee un 43% de habitantes de nacionalidad extranjera"
Para ella, y para los políticos de la ciudad, la inmigración es todo menos una curiosidad. De nuevo, se han desatado incidentes en la ciudad. Como la semana pasada. Y como hace menos de un año. La muerte de un muchacho marroquí que cayó de un quinto piso durante una persecución policial por el robo de una moto levantó la ira de inmigrantes y asociaciones esta vez. En el río revuelto de esas quejas pescaron varios grupos de extrema derecha quemando contenedores, dando palizas y generando un ambiente nauseabundo; abriendo todas las llaves del odio.
Hace tiempo que Salt es un polvorín. Y ahora es cuando estalla. Lo más fácil es pensar que con un 43% de extranjeros el conflicto está garantizado. Ésta es, al fin y al cabo, la tésis que se extiende. Pero las raíces del conflicto son más profundas y más viejas.
A Salt llegaron en los 60 y los 70 españoles del sur para alquilar sus brazos en la pujante industria local. Como en otras ciudades, la recepción de andaluces y extremenos era hostil. No tanto por la población autóctona, que también, sino por el poder mismo de Franco, al "colocar" estos inmigrantes en barrios improvisados, feos, sin servicios suficientes, fáciles de controlar. Hoy aquellos inmigrantes son ciudadanos plenos de Salt y aquellos barrios están habitados por los nuevos inmigrantes de Gambia, Marruecos o Rumania.
Como en tantos otros extrarradios de ciudades españolas, el barrio se afianzó como el territorio seguro, propio y salvador de miles de andaluces y extremeños que llegaban en las peores condiciones para ser carne de la expansión industrial catalana de aquellos años. Nadie se ocupó de ellos. Es lo mismo que sucedió en Madrid, en Bilbao, en Valencia, en Barcelona... Fueron barrios-refugio y barrios cuarteles en los que los obreros estaban bien controlados por Franco. El sentimiento de pertenencia hacia su barrio de aquellos inmigrantes choca hoy con nuevos habitantes que tienen una nueva visión de la vida y la realidad que habitan.
En estos barrios creció una generación que sobrevivió de mala manera la crisis de los ochenta. Y aquellos supervivientes que hoy están entre los 40 y los 50 tienen a sus hijos viviendo similares penurias que las suyas hace tres décadas.
En Salt, en Hospitalet, en Villaverde, en Vallecas hay una historia encerrada de desánimo y abandono, que vive la inmigración reciente como una nueva penuria, como un nuevo ataque: "¿Por qué aquí?". "¿Por qué con nosotros?"... después de tantos años levantado un barrio que según ellos se degrada con el extranjero.
Ningún político los ha escuchado en serio. Y sus quejas han sido fácilmente etiquetadas de racistas. Ahora, cuando el péndulo está en el lado que saca partido del odio, los partidos atienden las quejas enseñando los dientes a los extranjeros, queriendo satisfacer a la tribuna. Triste política.

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